Soy el pulmón colapsado de mi madre.
Soy el grito que tumoró dentro suyo.
Soy el cigarrillo número cien millones de mi madre.
Soy el humo buscando una salida.
Soy la nicotina pegajosa impregnada en las paredes gritando socorro.
Soy la rabia que encontró antes los pulmones que las palabras.
Soy el feminismo accidental de mi madre.
Soy la vida que mi madre habría tenido con cinco sartenes menos fregadas.
Soy la rebeldía que crece exponencialmente cada generación.
Soy la sospecha permanente de que las cosas podrían haber sido de otra manera.
Soy la puerta que nunca llegó a dar un portazo.
Soy el sarcasmo de mi madre cuando se quedó sin munición y se rindió.
Soy la revolución doméstica de mi madre.
Soy la hija de una mujer que quería incendiar la casa y acabó limpiándola.
Soy ese incendio aprendiendo a hablar.
Soy la metástasis cerebral de mi madre.
Soy la idea que se negó a morir.
Soy la fuga de energía de una mujer agotada.
Soy el resentimiento convertido en observadora.
Soy el archivo secreto de todas sus renuncias.
Soy el abrazo que mi madre necesitaba y no pidió.
Soy la ternura intentando corregir la trayectoria.

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